XXXIV Congreso de Comunicación y Salud
20-21-22 de Marzo de 2025
Enfoque individual
Mujer de 60 años, diagnosticada de Sensibilidad Química Múltiple (SQM). Intolerancia, entre otros, a ondas electromagnéticas, radio, móvil, aditivos alimentarios, productos de higiene y limpieza de uso habitual, lo que le genera caída de cabello, cefalea, dolores e inflamación dispersa mal definida.
Consulta vía e-mail por irritación y picor en cuero cabelludo y espalda de meses de evolución, sin lesiones visibles. Describe concienzudamente antecedentes, posibles desencadenantes, fotografías, productos utilizados, relación con cercanía o lejanía a su jaula de Faraday…
Enfoque familiar y comunitario
Vive sola. Recibe visitas estrictamente necesarias, agradeciendo preparación (retirada de móvil, desodorante y perfume, uso de mascarilla…). Únicamente sale de casa por emergencias, no dispone de teléfono móvil. Se relaciona vía internet, apoyo social referido de pacientes con SQM a través de asociaciones.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Dermatitis seborreica.
Tratamiento y planes de actuación
Vía e-mail, se explica probable diagnóstico y tratamiento indicado. Se ofrece programar analítica general a domicilio y valorar resultados y respuesta.
Evolución
Se realiza analítica, sin hallazgos salvo hipervitaminosis D, debido a suplementos. Vía teléfono fijo, se explican hallazgos y tratamiento habitual de dermatitis seborreica. La paciente refiere no querer utilizar productos industriales, por lo que decide probar con jabones naturales y disminuir vitamina D.
"La comunicación con pacientes con SQM implica importantes barreras entre pacientes y profesionales. Desde no poder acudir a la consulta, la necesidad de preparación de la visita domiciliaria, la comunicación vía e-mail, hasta el propio discurso de los pacientes (en general con personalidad con rasgos obsesivos y síntomas solapados con comorbilidades de tipo fibromialgia o fatiga crónica) generan contratransferencia negativa en los profesionales, en ocasiones ya sesgados por lo ambiguo del diagnóstico de SQM. En estos casos, debemos detenernos y reflexionar sobre cómo actuaríamos y qué pruebas pediríamos si nuestro paciente no tuviera SQM, y actuar en consecuencia.
Por último, en la comunicación con estos pacientes es importante no perder el foco de nuestro juicio clínico y la dirección de la entrevista, dado que las intolerancias son muy diversas y no siempre están bien caracterizadas, con lo que corremos el riesgo de “perdernos” entre síntomas y productos químicos habituales, obviando diagnósticos sencillos y frecuentes.
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