XLVI Congreso de la semFYC - Las Palmas
5, 6 y 7 de noviembre 2026
Atención Primaria.
Mujer de 70 años que consultó por dolor en cadera izquierda de dos meses de evolución. Había sido valorada previamente en varias ocasiones con diagnóstico de coxartrosis (imagen 1) y tratada con paracetamol/tramadol 325/37,5 mg, sin mejoría. No presentaba antecedentes personales de interés.
Enfoque individual
Ante el empeoramiento progresivo del dolor, con importante limitación funcional y marcada cojera, se realizó una nueva valoración clínica, ya que la intensidad de la sintomatología no concordaba con los hallazgos radiológicos previos. En la exploración destacaba dolor localizado en el tercio medio del fémur izquierdo, más que en la región inguinal, por lo que se solicitó una radiografía de fémur (imágenes 2 y 3). Además, refería astenia y una tumoración blanda e indolora en la región parieto-occipital derecha.
Enfoque familiar y comunitario
La radiografía mostró una lesión lítica en la diáfisis femoral proximal izquierda, con características sugestivas de malignidad, planteándose como diagnóstico diferencial plasmocitoma, mieloma múltiple o enfermedad metastásica. En la analítica destacó un componente monoclonal IgA, con el resto de parámetros dentro de la normalidad. Tras valoración por Medicina Interna se decidió ingreso para estudio.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
El TAC de cuerpo entero evidenció una lesión osteolítica parieto-occipital compatible con plasmocitoma y múltiples lesiones líticas en columna, pelvis, fémur izquierdo y húmero derecho. El estudio de médula ósea mostró una plasmocitosis del 19,6 %, confirmándose el diagnóstico de mieloma múltiple IgA.
Tratamiento y planes de actuación
La paciente recibió seis ciclos de bortezomib, lenalidomida y dexametasona, seguidos de trasplante autólogo de progenitores hematopoyéticos.
Evolución
La paciente alcanzó remisión completa, está en seguimiento por Hematología con pocas secuelas de la enfermedad.
La reevaluación clínica es una herramienta esencial en Atención Primaria. La falta de respuesta al tratamiento o una evolución discordante con el diagnóstico inicial deben motivar una nueva exploración y reconsiderar el diagnóstico, evitando el sesgo de anclaje y la inercia diagnóstica. Asimismo, la comunicación de hallazgos potencialmente graves debe realizarse con prudencia hasta disponer de un diagnóstico definitivo.