XLVI Congreso de la semFYC - Las Palmas
5, 6 y 7 de noviembre 2026
Atención Domiciliaria.
Empeoramiento funcional, astenia y disnea progresiva.
Enfoque individual
Hombre de 75 años, en seguimiento exclusivo por Cuidados Paliativos por adenocarcinoma gástrico estadio IV con afectación ganglionar. Se inicia seguimiento por Atención Domiciliaria ante deterioro funcional (Barthel 40). Durante la evolución presenta marcada astenia y debilidad en miembros inferiores, con incremento progresivo del encamamiento. Inicialmente presenta disnea de moderados esfuerzos, que progresa hasta aparecer en reposo, asociada a ingesta oral muy escasa. No presenta dolor, tos, expectoración ni clínica infecciosa.
En la exploración destaca aumento de partes blandas en cuello y regiones supraclaviculares bilateralmente, así como circulación venosa superficial en hemitórax izquierdo.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Ante la progresión de la disnea y los hallazgos exploratorios se plantea como diagnóstico diferencial progresión tumoral, tromboembolismo pulmonar, insuficiencia cardiaca y síndrome de vena cava superior.
Tratamiento y planes de actuación
Dada la dificultad para mantener los cuidados en domicilio se deriva a un centro hospitalario, donde se realiza una radiografía de tórax que objetiva aumento mediastínico. La integración de la clínica, la exploración física y las pruebas complementarias permite establecer el diagnóstico de síndrome de vena cava superior secundario a progresión tumoral.
Evolución
Debido a la presencia de disnea refractaria se inició una perfusión de butilescopolamina, morfina y midazolam, con objetivo de lograr una sedación profunda. El paciente falleció 48 horas después, tranquilo y sin signos de disconfort.
En el contexto paliativo, el diagnóstico no persigue necesariamente modificar la historia natural de la enfermedad, sino comprender el origen de los síntomas y aliviar el sufrimiento. Este caso pone de manifiesto la importancia de una valoración clínica sistemática en Atención Domiciliaria, donde el reconocimiento de signos de alarma permitió identificar una complicación grave y adecuar el plan terapéutico, a pesar de las limitaciones diagnósticas propias del domicilio.
El diagnóstico al final de la vida permite identificar la etiología de los síntomas, anticipar la evolución y ajustar las intervenciones a los objetivos de los cuidados. Incluso en ausencia de opciones curativas, puede ser fundamental para optimizar el control sintomático, evitar actuaciones desproporcionadas y garantizar una atención paliativa adecuada. El médico de familia desempeña un papel clave en este proceso, especialmente en la atención domiciliaria.