XLVI Congreso de la semFYC - Las Palmas
5, 6 y 7 de noviembre 2026
Atención Primaria.
Mujer de 44 años que consulta por erupción cutánea generalizada de varios días de evolución, asociada a prurito y sensación de picor en lengua, sin claro desencadenante identificado.
Enfoque individual
En la primera valoración presentaba lesiones cutáneas habonosas sin otros datos de gravedad. Saturación de oxígeno del 98%. Ante la sospecha de reacción alérgica/urticaria se administró metilprednisolona 80 mg y dexclorfeniramina, indicándose posteriormente una pauta de tratamiento con prednisona 30 mg vo en domicilio.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
A los 12 días del inicio, persistían lesiones eritematosas de morfología anular y en diana distribuidas por cara, brazos, tronco, glúteos y miembros inferiores de forma simétrica, sin mejoría tras cuatro días de prednisona y bilastina. Por su morfología se planteó como diagnóstico diferencial entre urticaria anular/policíclica y eritema multiforme. Se señaló como elemento discriminativo fundamental la evolución de las lesiones: desaparición o cambio de localización en menos de 24 horas frente a permanencia fija. En ese momento la paciente no sabía especificarlo.
Tratamiento y planes de actuación
Por lo que ante la sospecha mayor de eritema multiforme se inició con tratamiento empírico valaciclovir 1 g cada 24 horas durante siete días, manteniendo antihistamínico con posibilidad de aumentar hasta 4 comprimidos diarios según evolución, y se explicaron signos de alarma.
Evolución
En el seguimiento en Atención Primaria, la paciente refirió que no tuvo migración de las lesiones y contó una mejoría progresiva del exantema y del prurito tras el valaciclovir y el antihistamínico.
Las lesiones cutáneas con morfología en diana pueden plantear un importante diagnóstico diferencial entre eritema multiforme y urticaria. En Atención Primaria, la anamnesis dirigida sobre la duración y migración de cada lesión puede ser determinante para orientar el diagnóstico. La reevaluación longitudinal permite manejar la incertidumbre diagnóstica, ajustar el tratamiento y evitar pruebas o derivaciones innecesarias, destacando el papel del médico de familia como responsable del seguimiento y la toma de decisiones clínicas.