XLVI Congreso de la semFYC - Las Palmas
5, 6 y 7 de noviembre 2026
Enfoque individual
Mujer de 56 años que consulta solicitando una analítica de control. Entre sus antecedentes destaca un carcinoma de mama tratado en la actualidad mediante ozonoterapia local e intraabdominal. Rechaza cualquier otra alternativa terapéutica.
A la exploración se objetiva lesión ulcerada extensa en mama izquierda, de aproximadamente 10 cm, con pérdida de sustancia y lecho heterogéneo constituido predominantemente por tejido necrótico negruzco, áreas amarillentas de aspecto esfacelado y zonas periféricas eritematosas y friables. Bordes irregulares, eritematosos.
Enfoque familiar y comunitario
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
La paciente confía plenamente en este tratamiento y solicita analítica sanguínea para valorar efectividad.
Los médicos nos enfrentamos entonces a un dilema: ¿cómo acompañar a una paciente cuya interpretación de su salud difiere de la evidencia científica sin confrontarla ni legitimar una intervención no demostrada?
Tratamiento y planes de actuación
Ante el desconocimiento inicial, decidimos investigar antes de responder. No encontramos evidencia clínica suficiente para recomendar la ozonoterapia como tratamiento antitumoral ni una analítica aislada que permita determinar su eficacia.Evolución
En una segunda consulta, exploramos los conocimientos, expectativas y valores de la paciente. Esto valida su preocupación, pero no la eficacia atribuida a la intervención. Explicamos las limitaciones de la analítica y la evidencia disponible, evitando la confrontación. Se acuerda mantener el seguimiento longitudinal desde Atención Primaria y conocer las intervenciones realizadas, aunque la paciente mantiene inicialmente su confianza en la ozonoterapia.
Las consultas sobre intervenciones sin evidencia pueden generar un conflicto entre autonomía, beneficencia y responsabilidad profesional. Este caso propone una estrategia aplicable a la práctica: escuchar antes de juzgar, investigar antes de afirmar, explorar qué necesita realmente el paciente y comunicar la evidencia sin desacreditar sus creencias.
El reto consiste en sostener una relación clínica segura cuando las creencias y la evidencia divergen. Es posible respetar la autonomía sin renunciar a la responsabilidad clínica ni a la evidencia, ofreciendo información rigurosa y permaneciendo disponible para acompañar decisiones futuras.