Enfoque individual
Pareja estable formada por dos varones, ambos atendidos longitudinalmente en Atención Primaria.
En marzo de 2010, el Paciente A presenta serología positiva para VIH en un control rutinario. Se informa de la necesidad de confirmación diagnóstica y derivación hospitalaria, rechazando reiteradamente ambas actuaciones. Decide además no comunicar el resultado a su pareja.
Durante el seguimiento, al Paciente B, desconocedor de dicha situación, se le ofrecen controles serológicos, que rechaza manifestando confianza plena en su pareja.
En noviembre de 2019, el Paciente B consulta por lesiones anales sugestivas de condilomas. Se realiza serología para VIH, con resultado positivo. Durante la comunicación del resultado, acompañado por su pareja, conoce que esta había presentado una serología positiva nueve años antes.
Enfoque familiar y comunitario
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Se identifica un problema clínico acompañado de un conflicto ético mantenido: respeto a la autonomía y confidencialidad del Paciente A frente a beneficencia, no maleficencia y protección de una pareja potencialmente expuesta. Se mantiene el vínculo asistencial pese a los rechazos previos, reforzando información, prevención y necesidad de seguimiento.
Tratamiento y planes de actuación
Tras el diagnóstico del Paciente B, ambos aceptan completar el estudio hospitalario, por lo que se deriva a Medicina Interna e inician tratamiento antirretroviral
Evolución
Ambos continúan como pareja y mantienen seguimiento compartido entre Atención Primaria y atención hospitalaria especializada, con buena adherencia al seguimiento y al tratamiento. Actualmente presentan carga viral indetectable.
La autonomía ampara el rechazo de actuaciones sanitarias tras una información adecuada, pero plantea límites éticos cuando las decisiones pueden afectar a terceros.
La confidencialidad constituye un elemento esencial de la relación clínica, aunque debe ponderarse frente a beneficencia y no maleficencia ante riesgos relevantes para una persona identificable. Desde la justicia, resulta imprescindible garantizar a ambos pacientes oportunidades reiteradas de prevención, diagnóstico y acceso asistencial. La longitudinalidad permite mantener el vínculo terapéutico ante el rechazo, reevaluar decisiones y generar nuevas oportunidades de intervención.
El caso muestra que el razonamiento ético, junto al clínico, constituye una competencia esencial de la Medicina de Familia.