XLVI Congreso de la semFYC - Las Palmas
5, 6 y 7 de noviembre 2026
Atención Primaria.
Hombre de 49 años, sin factores de riesgo ni antecedentes de interés, que consulta por prurito corporal intenso de una semana de evolución.
Enfoque individual
Ante la sospecha clínica de escabiosis se inició tratamiento con permetrina tópica, repitiéndose una segunda aplicación a la semana, junto con antihistamínicos orales e ivermectina oral. Tras las aplicaciones, el paciente refirió incremento del prurito y rascado intenso, especialmente después de la aplicación de la permetrina. Quince días después acudió nuevamente por aparición de múltiples lesiones cutáneas eritematosas, exudativas y costrosas, muy pruriginosas, que le impedían el descanso nocturno.
En la exploración física destacaban placas eritematosas con erosiones, costras melicéricas y lesiones de rascado distribuidas por tronco y extremidades, sin afectación mucosa ni fiebre.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Toxicodermia secundaria a permetrina con impetiginización secundaria.
Se realizó diagnóstico diferencial entre persistencia o reinfestación por escabiosis, toxicodermia secundaria a permetrina, eccema postecabiótico e impétigo secundario al rascado.
Tratamiento y planes de actuación
Se suspendió el tratamiento tópico con permetrina y se inició prednisona oral en pauta descendente, cefadroxilo oral durante siete días y tratamiento tópico con ácido fusídico asociado a corticoide. Se recomendaron medidas para evitar el rascado e hidratación cutánea.
Evolución
En la revisión posterior el paciente presentó mejoría progresiva del prurito y resolución de las lesiones cutáneas, sin nuevas complicaciones.
La persistencia o el empeoramiento del prurito tras el tratamiento de una escabiosis no siempre implica fracaso terapéutico o reinfección. Como conclusión, este caso pone de manifiesto la importancia de un diagnóstico adecuado y de informar al paciente sobre la evolución esperable tras el tratamiento de la escabiosis. Además del tratamiento farmacológico, las medidas no farmacológicas desempeñan un papel fundamental. La hidratación intensiva de la piel tras la aplicación de la permetrina ayuda a restaurar la función de barrera cutánea y puede disminuir la irritación y el prurito residual. En este caso, la ausencia de recomendaciones sobre el cuidado posterior de la piel favoreció la persistencia de la irritación cutánea, probablemente agravada por la alteración de la barrera epidérmica inducida por el tratamiento. Una adecuada educación sanitaria, incluyendo la hidratación diaria con emolientes y el uso racional de los tratamientos tópicos, podría haber mitigado la intensidad de la reacción y mejorado la evolución clínica del paciente.