Fiebre de un mes de evolución (≈38 °C), odinofagia, vómitos, astenia y sudoración nocturna; adenopatía cervical única. Sin tos ni disnea.
Enfoque individual
Adolescente de 18 años con cuadro febril persistente de 4 semanas, acompañado de síntomas constitucionales y faríngeos, sin respuesta a medidas iniciales.
Enfoque familiar y comunitario
Entorno familiar sin casos similares; sin factores de riesgo epidemiológico relevante.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Antecedentes personales sin relevancia. Anamnesis dirigida negativa para viajes recientes, contactos con tuberculosis, prácticas de riesgo o exposición a tóxicos.
Exploración: febrícula, adenopatía cervical única lateral, faringe hiperémica sin exudado, resto normal. Pruebas complementarias en AP: test rápido de estreptococo negativo; analítica con hipertransaminasemia (ALT/AST 450–500 U/L) y TSH 6,45 mUI/L; hemograma y bioquímica básica sin otras alteraciones destacadas. Serología positiva para Epstein–Barr (VCA-IgM), confirmando infección aguda.
Juicio clínico: Mononucleosis infecciosa por virus de Epstein–Barr con afectación hepática reactiva.
Diagnóstico diferencial: hepatitis viral aguda (A–E), faringoamigdalitis bacteriana, tuberculosis ganglionar, linfoma, enfermedad tiroidea subclínica.
Problemas identificados: fiebre prolongada, hepatopatía leve-moderada, impacto funcional por astenia.
Tratamiento y planes de actuación
Medidas sintomáticas (hidratación, antitérmicos), reposo relativo, evitar hepatotóxicos y alcohol; seguimiento semanal en AP con control clínico y analítico (transaminasas, función hepática, hemograma). Derivación hospitalaria para valoración de extensión y descartar complicaciones.
Evolución
En hospital, exploración física y ecografía abdominal normales (hígado de ecogenicidad regular, vesícula distendida, sin esplenomegalia ni líquido libre). Mejoría progresiva de la fiebre y síntomas en 2–3 semanas; normalización de transaminasas en 6–8 semanas.
La mononucleosis puede presentarse con fiebre prolongada e hipertransaminasemia significativa en adolescentes, simulando procesos más graves. El médico de familia juega un papel clave en el razonamiento clínico, la solicitud de serología adecuada, el seguimiento longitudinal y la coordinación con el nivel hospitalario.
Aplicabilidad para Medicina de Familia: reforzar el manejo ambulatorio seguro de casos seleccionados, evitando pruebas innecesarias y centrando el seguimiento en la evolución clínica y hepática.