Enfoque individual
Varón de 79 años con antecedentes de hipertensión arterial e hipercolesterolemia. En febrero de 2026 fue valorado en Otorrinolaringología (ORL) por hipoacusia; a pesar de manifestar sintomatología faríngea de 3-4 meses de evolución, no se le realizó exploración. En marzo acude a su médico de familia por empeoramiento de la odinofagia. A la exploración, se visualiza lesión blanquecina, exofítica y necrosada en amígdala izquierda, asocida a una adenopatía laterocervical de 2 cm, pétrea y fija. Se activa derivación urgente a ORL por sospecha de malignidad. En la evaluación hospitalaria, se confirma una lesión extendida a paladar blando y trígono retromolar. La biopsia confirmó un carcinoma escamoso amigdalino grado 2, determinándose p16 negativo, descartando el virus del papiloma humano (VPH). El estudio de extensión evidenció una clasificación T2N3bM0 (Estadio IVB) con infiltración hasta tejido conectivo.
Enfoque familiar y comunitario
Paciente que convive con su cónyuge. Tiene el apoyo de su hija. Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Juicio clínico: Neoplasia maligna de amígdala izquierda estadio IVB.
Diagnóstico diferencial: Amigdalitis ulceronecrótica, linfoma, procesos granulomatosos.
Identificación de problemas: La dinámica de las consultas monográficas sumada a la sobrecarga de trabajo, favorece la no detección de signos de alarma de patologías graves no relacionados con el motivo de consulta.
Tratamiento y planes de actuación
Dada la extensión local (T2) y características infiltrantes de la adenopatía (N3b), el comité multidisciplinar desestimó la cirugía. Se inició terapia concomitante de quimioterapia con cisplatino semanal (40 mg/m²) y radioterapia (33 sesiones). Además del soporte nutricional con dieta hiperproteica.
Evolución
Se realizó monitorización del estado nutricional y de los síntomas, destacando astenia, estreñimiento severo y xerostomía.
La presión asistencial en consultas subespecializadas puede hacer que pasen desapercibidos signos de alarma. En este escenario, el valor fundamental del médico de familia reside en su enfoque integrador holístico. Una exploración física sistemática ante una clínica sospechosa de malignidad permite activar los circuitos de diagnóstico rápido de forma urgente desde el centro de atención primaria.