IV Congreso de Residentes, JMF, Tutores y Unidades Docentes de la semFYC
20 y 21 de marzo 2026
Atención Primaria.
Lesiones cutáneas pruriginosas en región lumbar.
Enfoque individual
Paciente sin alergias medicamentosas conocidas.
Antecedentes personales: Varicela en la infancia; colecistectomía 2011; portador gen BRCA1.
Antecedentes familiares: cáncer de mama y ovario (madre, tías, abuela).
Hombre de 62 años que acude por prurito en región lumbar que se alivia al aplicar talquistina en polvo. A la exploración exantema lineal, rugoso, con múltiples lesiones de rascado a nivel lumbar derecho. El día anterior el paciente había trabajado en el jardín y atribuye las lesiones a sudoración excesiva. Asintomático en semanas previas.
Una semana después, el paciente regresa con evolución de la lesión a vesículas de 0,5 – 1 cm, algunas umbilicadas, sobre lecho eritematoso, agrupadas en dos focos lumbares derechos y un foco abdominal, sin cruzar la línea media (dermatoma L1 derecho). Refiere solo prurito, no dolor.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Herpes Zóster vs dermatitis de contacto vs dermatitis irritativa.
Tratamiento y planes de actuación
Se pauta aciclovir crema 50 mg/g y tramadol/paracetamol 37,5/325 mg solo si dolor intenso.
Evolución
El paciente regresó al día siguiente tras iniciar el tratamiento. Tras tomar un comprimido de tramadol/paracetamol presentó sudoración, mareo, náuseas e inestabilidad, refiriendo malestar por estos efectos adversos y negándose a continuar la medicación. Dado que no presentaba dolor, se acordó continuar únicamente con aciclovir tópico, que refería le proporcionaba alivio del prurito. Se le explicó la función del tramadol, sus posibles efectos secundarios y las pautas de uso en caso de dolor intenso futuro.
Aunque el diagnóstico de algunas patologías resulte claro o sencillo, el tratamiento debe adaptarse a las particularidades de cada paciente. Por ello, antes de pautar un tratamiento, especialmente si es un tratamiento sintomático, se debe escuchar activamente al paciente, valorar sus síntomas y preferencias, y ofrecer un tratamiento adecuado en base a ello. Además, se debe informar sobre la posología y los posibles efectos secundarios, favoreciendo así la adherencia terapéutica y la confianza en el médico.