Enfoque individual
Mujer de 47 años con antecedentes personales de asma y endometriosis.
Consulta por una lesión eritematosa dolorosa en la pierna izquierda de dos días de evolución, asociando lesiones eritematosas de menor tamaño en región lumbar y pierna derecha. Niega fiebre, prurito, recuerdo de picaduras y casos similares en su entorno.
En la exploración inicial presentaba una lesión eritematosa de aproximadamente 3 cm con halo macular eritematoso de 5x6cm, de bordes mal definidos, piel brillante, sin descamación, sobreelevación ni induración, dolorosa a la palpación y con discreto aumento de temperatura local.
Enfoque familiar y comunitario
La paciente reside en un entorno rural de Bizkaia, donde la exposición a garrapatas constituye un factor epidemiológico relevante para la enfermedad de Lyme.
Juicio clínico, diagnóstico diferencial, identificación de problemas
Fue valorada por dermatología de urgencias donde se orientó inicialmente como eritema estrófulo, iniciándose tratamiento tópico con betametasona/gentamicina, sin mejoría.
Diez días después acudió nuevamente a Atención Primaria. En la exploración se objetivó una lesión macular purpúrica con morfología en diana de aproximadamente 15 cm de diámetro en la región maleolar izquierda, junto con máculas rosadas en extremidades. Se replanteó el diagnóstico diferencial, considerando enfermedad de Lyme, eritema multiforme, celulitis y otras dermatosis inflamatorias. La evolución clínica y la morfología de la lesión orientaron hacia un eritema migratorio.
Tratamiento y planes de actuación
Ante la sospecha clínica de enfermedad de Lyme, se solicitó serología frente a Borrelia burgdorferi y se inició tratamiento con doxiciclina 100 mg cada 12 horas durante 14 días.
Evolución
La serología frente a Borrelia burgdorferi fue positiva. Tras el inicio de la doxiciclina presentó una respuesta clínica rápida, con resolución prácticamente completa de las lesiones.
La enfermedad de Lyme debe incluirse en el diagnóstico diferencial de lesiones cutáneas de evolución atípica en Atención Primaria, especialmente en áreas rurales o con riesgo epidemiológico, incluso en ausencia de recuerdo de picadura de garrapata. La continuidad asistencial, la reevaluación clínica y el conocimiento del entorno permitieron modificar la orientación diagnóstica e instaurar un tratamiento adecuado.